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COLUMNA: Floreal Recabarren y Antofagasta

Por Sergio González Miranda, Premio Nacional de Historia 2014.

Cuando escribo esta columna recién me he enterado del fallecimiento de Floreal Recabarren Rojas. Floreal fue regidor, alcalde, diputado, etc., una figura pública de Antofagasta, pero no es eso lo que me interesó de este gran hombre. Más de una vez le pregunté por qué no se había dedicado por completo a ser historiador. Su respuesta es siempre una sonrisa, pues sabemos con Max Weber que la política y la ciencia son una vocación. Algunos, como Floreal, sintieron dos veces ese llamado.

Existen ciertos periodos en la historia de un territorio, puede ser una ciudad o región, donde florecen sus intelectuales. Tarapacá tuvo ese momento a fines del siglo XIX cuando se creó El Ateneo, que reunió a intelectuales que nos heredaron obras que todavía se consultan. Antofagasta, igualmente, en la segunda mitad del siglo XX, tuvo a un selecto grupo de intelectuales que se destacaron en diferentes áreas de la cultura. Mario Bahamonde tuvo la intuición de ello y se abocó, con la colaboración de otros académicos a elaborar una “Guía de la Producción Intelectual Nortina”. Editada en 1972 fue destacada en la prensa regional por la pluma del poeta Andrés Sabella, otro gigante de esa generación.

La década de los años 1960 fue notable para Antofagasta, estaba el teatro universitario con Pedro de la Barra. Se había fundado la Escuela Normal. Ese año el colegio San Luis inició su expansión con un nuevo edificio. Allí estudiaron varios premios nacionales en diversas áreas de las ciencias y las humanidades. Floreal que había sido alumno de Mario Bahamonde en el liceo de hombres de Antofagasta, fue su rector en 1965. Estudió Pedagogía en Historia y Geografía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile recibiéndose en 1954, con la tesis “Historia del proletariado de la provincia de Antofagasta de 1884 a 1919”. También publicó en 2003 “La matanza de San Gregorio: 1921, crisis y tragedia” por la editorial LOM. Inició su carrera académica como profesor en la Universidad del Norte, pero su vocación política fue más fuerte. Pudo compartir con Óscar Bermúdez, Juan Panadés, Mario Cortés, Ottorino Ovalle, José A. González, entre otros, y recibir el reconocimiento de historiador.

Gran conversador, encantador erudito, tenía un Café en el paseo peatonal de Antofagasta donde se reunía con sus amigos de siempre.

Más de una vez le pregunté por qué no se había dedicado por completo a ser historiador“.

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